Estaban abajo, en el café, justo antes de subir a la reunión del consejo, el COO y el CFO, con las manos vacías, yendo a buscar algo para beber porque ya sabían que no tendrían nada que poner sobre la mesa.

Mencionaron dos o tres ideas, ideas brillantes e innovadoras que les hubiera gustado presentar, solo para dejarlas existir unos segundos, proyectos estimulantes, financiables, que se podrían haber lanzado ahora, fácilmente, mientras todo iba bien.
Entonces uno de ellos dijo sonriendo, sin bajar ni subir la voz:
— Sabemos que no servirá de nada. Cuando todo va bien, ya no escucha.
El otro asintió, sonriendo también.
A pesar de todo lo que tenían en mente, eligieron no llevar nada.
Tomaron su café y se dirigieron al ascensor. La conversación pasó a los planes del fin de semana. Subieron.
La reunión del consejo comenzó. Las cifras eran buenas. El jefe habló largo rato. Estaba satisfecho.
Nada se movió.
La siguiente reunión comenzó a la hora prevista.